Editorial

El cuidado de la casa común.

Mons. Cristian Roncagliolo Pacheco. Vicario de la Esperanza Joven

La pregunta por el cuidado de la casa común late fuertemente entre nosotros, particularmente entre los jóvenes. La custodia de la naturaleza, en toda su riqueza, es tarea de todos no solo por un simple cuidado sino que es por solidaridad con nuestra generación y con las futuras.

Para un cristiano la cuestión ecológica tiene raíces en la misma Sagrada Escritura. Dios es el Génesis “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Y señor en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias, en toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Toda la creación es obra de Dios, donde los hombres y las mujeres hemos de ser sus custodios, colaborando con el Creador para que todo llegue a su plenitud.

Este desafío, que insisto, es tan cristiano nos compromete a hacer conciencia frente a la contaminación, el cambio climático, la cuestión del agua y la depredación indiscriminada de los recursos naturales, entre tantas otras materias. Hemos de trabajar por generar conciencia entre todos los jóvenes que el futuro de la humanidad depende de cuanto cuidemos la tierra hoy. Por ello, como afirma Francisco “cuidar y cultivar la creación es una indicación de Dios, dada no solo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto. Quiere decir, hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformándolo para que sea un jardín, un lugar agradable para todos

En este espíritu los invito a ser protagonistas en este empeño sabiendo que en cada ejercicio de sustentabilidad y de cuidado de la creación podemos manifestar también el amor a Dios y a su obra.

Como Vicaría estamos empeñados en avanzar para que nuestras actividades sean ecológicamente sustentables, buscando dar un signo concrete del compromiso que hemos asumido con el cuidado de la casa común.