Editorial

LA MADRE PATRIA.

Mons. Cristian Roncagliolo Pacheco. Vicario de la Esperanza Joven

En el corazón de las celebraciones patrias de este próximo 18 de septiembre estará el Te Deum Ecuménico, fiesta de acción de gracias que nos invita a repasar nuestro año para darle gracias a Dios.

El Te Deum Ecuménico simboliza vitalmente que, más allá de nuestras diferencias, somos una comunidad en camino que comparte raíces comunes, que está abierta para acoger a los que son forasteros, que quiere ser cuidada y que contiene en su cultura lo que somos y también, de alguna manera, lo que seremos.

En su visita a Chile el 2018, el Papa Francisco relevó ante los jóvenes el valor de la tierra a la que se pertenece, sosteniendo que “el camino hacia adelante, los sueños que tienen que ser concretados, el mirar siempre hacia el horizonte, se tiene que hacer con los pies en la tierra y se empieza con los pies en la tierra de la Patria, y si ustedes no aman a su Patria, yo no les creo que lleguen a amar a Jesús y que lleguen a amar a Dios”. Con esta referencia el Papa subrayó una entrañable unidad entre la fe y la Patria, ya que, como sostiene, “el amor al lugar donde vivimos es un amor a la madre, la llamamos Madre Patria porque aquí nacimos, pero ella misma nos enseña a caminar y se nos entrega para que la hagamos sobrevivir a otras generaciones”.

Detrás de estas aseveraciones está la convicción de que la Patria no es un accidente sino algo mucho más sustancial y permanente. Desde luego, es la tierra donde Dios nos invita a echar raíces y donde juntos construimos el futuro. Por ello el amor a ésta vive en el corazón de cada cristiano y es propio de la misma fe. De alguna manera ella es una ‘madre’ para cada uno de nosotros, que nos empuja a amar todo lo que a ella le concierne: su historia, su gente, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La Patria es un bien común que une a todos los ciudadanos y, al mismo tiempo, un gran deber que nos compromete en pos de su desarrollo. Como sucede con la familia, también la nación sigue siendo una realidad insustituible que debemos cuidar como un tesoro. Pero sobre todo, la Patria son las personas que la habitan, las que ya se encontraban aquí como primeros pobladores y los que han venido a asentarse en ella procedentes de otras regiones. Todas ellas están llamadas a ser compatriotas, co-constructoras de la Patria, sin chovinismo y con espíritu de inclusión.

Chile es una tarea de todos, y el don de la fe es un regalo insustituible que podemos hacerle a nuestra patria en este 18.

 

¡Felices Fiestas Patrias!