Editorial

Sirvamos con alegría

Mons. Cristian Roncagliolo Pacheco. Vicario de la Esperanza Joven

Uniéndome a lo que han dicho en su Declaración las distintas denominaciones religiosas presentes en Chile “La violencia que ha ocurrido es inaceptable y debe avergonzarnos como país. Pero no podemos soslayar que también gente de paz se ha manifestado haciendo un llamado de atención sobre las injusticias que claman una solución y un nuevo camino para Chile. Todos debemos hacer una autocrítica nacional para comprender que es lo que nos ha ocurrido como sociedad”.

En este contexto de grandes desafíos y de una seria autocrítica la palabra de Dios nos ilumina y enseña: “el fruto de la justicia será la paz, la justicia traerá tranquilidad y seguridad perpetua” (Is. 32, 17). Así, es inútil pensar en una solución real al problema que nos aqueja sin hacernos cargo de las injusticias que claman al cielo y que están incrustadas en el corazón de nuestra sociedad. Resulta indispensable caminar, con paso raudo y con norte claro, hacia la construcción de un Pacto social que nos permita construir una sociedad más justa e integrada. 

Entendiendo que el camino que debemos hacer es largo, y nos compromete a todos los actores sociales, hay medidas concretas que podemos tomar hoy para aportar en la situación de movilización en la que nos encontramos teniendo presente que “los pobres no pueden esperar”. Por eso, siguiendo a nuestro Administrador Apostólico, los invito a: 

  • rezar personal y comunitariamente generando espacios de oración juvenil.
  • motivar a quienes participarán en alguna manifestación que lo hagan pacíficamente, cuidando a los demás, siendo testimonios del Evangelio profético de Jesucristo. Manifestarse pacíficamente es un derecho ciudadano. 
  • colaborar con la limpieza y recuperación de espacios públicos dañados dando testimonio del cuidado de nuestra Casa Común.
  • organizar pequeños encuentros para dialogar y hacer convivencia, no solo en tu parroquia, sino en la familia, en tu barrio y en los espacios donde sea más necesario. Reflexionar juntos nos ayuda a comprender mejor lo que vivimos y a generar nuevas propuestas.
  • congregar a los niños en las parroquias para ayudarlos a recuperar la alegría, a cantar, a rezar y hacer dinámicas. 
  • ayudar a los adultos mayores. Muchos, que están solos, enfermos o con movilidad reducida, necesitan hacer sus trámites o compras. Tendámosles una mano desde nuestros grupos juveniles para ayudarlos a vivir este tiempo y a recuperar la tranquilidad.
  • difundir contenidos y mensajes con responsabilidad.

Termino con las palabras de Francisco: “¡No se metan en la cola de la historia! ¡Sean protagonistas, jueguen adelante, pateen adelante, construyan un mundo de justicia, de amor, de fraternidad, de solidaridad!”.