Editorial

ARTESANOS DEL DIÁLOGO

MONS. CRISTIÁN RONCAGLIOLO PACHECO. VICARIO DE LA ESPERANZA JOVEN

Los desafíos actuales de Chile tienen ámbitos diversos. Un aspecto que hoy toca particularmente el alma nacional es el proceso constituyente en el que estamos insertos y nos compromete responsablemente a todos.

En este escenario, aparece como una urgente misión de la Iglesia el ser artesanos del diálogo. Entendemos por tal “el respeto de las ideas, la apertura a la confrontación, la capacidad de discutir y colaborar en un espíritu de libertad y atención por la persona”. El diálogo no es una mera actitud táctica, sino una exigencia intrínseca para experimentar comunitariamente la alegría de la Verdad y para profundizar su significado y sus implicaciones prácticas.

Tenemos el desafío, como Iglesia, de fomentar y formar para el diálogo con todas aquellas personas, grupos e instituciones que profesan una visión de la realidad diferente de la suya, que tienen otras respuestas a la pregunta por el sentido o que profesan otra religión. El formar y el fomentar a la apertura, a la comprensión y al diálogo con los otros, con el mundo no creyente –o no cristiano— y con todos es un imperativo de la universalidad del ser católico. Al respecto decía Francisco: “Si logramos buscar puntos de coincidencia en medio de muchas disidencias, en ese empeño artesanal y a veces costoso de tender puentes, de construir una paz que sea buena para todos, ese es el milagro de la cultura del encuentro” (ChV 169).

Todos estamos llamados a construir juntos el futuro. Frente al conflicto social latente en nuetsro país, debemos promover una cultura del encuentro, del diálogo y la colaboración al servicio de la familia humana. Frente a una cultura de la disgregación y del fragmento, hemos de propiciar la integración, superando exclusiones e incomprensiones y abriendo camino al diálogo. Cuando uno recupera la alteridad en el encuentro, empieza a dialogar, y dialogar supone no sólo oír sino escuchar. Dialogar es construir el futuro, poner los cimientos del porvenir.

Como nos ha señalado nuestro Arzobispo, hay cristianos en distintas veredas. En efecto, en el proceso constituyente no hay una única posibilidad sino que habrá hermanos en distintos lados del camino, pero eso no puede ser causa de discordia sino de diálogo y encuentro. Los invito a que, más allá de nuestras legítimas diferencias, tengamos el Evangelio por delante y trabajemos para derribar las desconfianzas, abrirnos al encuentro con el hermano que nos espera y generar los necesarios diálogos que humanizan.