Editorial

Partir y compartir el pan

+ Cristián Roncagliolo Pacheco. Obispo Auxiliar de Santiago

En este tiempo hemos sentido con fuerza el clamor de muchos que están pasando hambre. En efecto, la pandemia a agudizado la crisis social generando, con la cesantía, una ‘sangría’ en la sociedad que evidencia sus primeras consecuencias en que muchos no tienen el pan de cada día.

Cristo es especialmente claro con sus discípulos. Viendo a la multitud hambrienta no les dice que se vuelvan a su casa ni se desentiende del problema sino que dice a sus discípulos “denles ustedes de comer” (Jn 13, 34). Y como versa el relato de la multiplicación de los panes el Señor multiplicó lo poco y lo hizo alimento para muchos.

Mas de alguno dirá que no tiene nada que dar, que es deber del estado o de los más ricos dar de comer, o que son las organizaciones sociales quienes debe responder. Pero, para quienes somos cristianos ese argumento es débil. Lejos de mirar a otros, responsabilizándolos del problema o reclamando su acción, es nuestra tarea el movilizarnos para poner a disposición los ‘cinco panes y los dos peces’ que tenemos, y decir, ‘con lo poco que tengo, con las limitaciones que poseo, quiero ayudar, quiero dar, quiero colaborar a aplacar la necesidad que hoy toca la puerta de muchas familias’.

En este tiempo donde la pandemia sigue causando estragos, y aumenta sus consecuencias, hay poco espacio para los discursos y para los reclamos, pero si hay un gran campo para una decidida solidaridad que, sin soslayar las causas de la crisis social que se agudizó por la pandemia, va al encuentro de los hermanos para poner lo mejor de si. Resulta urgente que volvamos a las fuentes de nuestra fe para movilizarnos y atender las mesas, dar de comer a los hambrientos y mostrar en gestos concretos que queremos acoger la invitación del Señor y vivir la solidaridad.

 

+ Cristián Roncagliolo Pacheco. 

Obispo Auxiliar de Santiago