Editorial

Cristianos legítimamente en ‘diferentes veredas’

MONS. CRISTIÁN RONCAGLIOLO. VICARIO DE LA ESPERANZA JOVEN.

Situados en el desafiante escenario histórico de un proceso constitucional es importante reafirmar que la misión primera de la Iglesia es evangelizar. En el ámbito social y político esta misión se materializa en la difusión de aquellos principios sociales que, inspirados en el Evangelio, han de vitalizar el corazón de nuestra sociedad y servirnos a todos.
En atención a esta tarea, la Conferencia Episcopal de Chile a aportado un documento titulado Principios y valores de la enseñanza social de la Iglesia, que busca ‘refrescar’ en el corazón de los cristianos y de toda la sociedad, algunos ejes de la Doctrina social de la Iglesia tales como la centralidad de la persona humana, el respeto a la vida en todas sus etapas, la opción por los pobres y excluidos, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, el destino universal de los bienes, la libertad de culto, el derecho de los padres a educar a sus hijos y la responsable participación ciudadana en el devenir nacional. Estos principios “provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40)” (FT 181). Así como es nuestra tarea proponer los principios y valores ya señalados, con la misma convicción debemos señalar que no es tarea de la Iglesia formular soluciones técnicas, políticas o ideológicas –y menos todavía soluciones únicas– en materias contingentes, que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. Tampoco es tarea de la Iglesia asumir un rol partidista o identificarse con tal o cual corriente política. Lo anterior se explica porque ninguna propuesta agota el Evangelio ni ningún sistema político puede dar todas las respuestas a las inquietudes mas hondas del corazón humano; menos aún, respuestas definitivas. Por ello, constatando lo compleja que es la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover el bien común, resulta natural encontrar cristianos instalados legítimamente en ‘diferentes veredas’, en partidos o grupos diversos. Esta obvia constatación no puede ser confundida, sin embargo, con un indistinto pluralismo en la elección de los principios morales y los valores sustanciales, debido a que la legítima pluralidad de opciones temporales mantiene íntegra la matriz de la que proviene el compromiso de los católicos en la política, que hace referencia directa a la doctrina moral y social cristiana . Esta sana y necesaria pluralidad ha de ser una permanente provocación al diálogo y a la apertura hacia el otro que piensa distinto, reconociendo que hay semillas de verdad en el que se ubica en la ‘otra vereda’ y que, al mismo tiempo, nadie es poseedor de la verdad absoluta en materias contingentes. Como señala Francisco “el futuro no es monocromático, sino que es posible si nos animamos a mirarlo en la variedad y en la diversidad de lo que cada uno puede aportar” (FT 100).