Editorial

¡Cristo Vive!

+ Celestino Aós Braco Arzobispo de Santiago

Queridos y queridas jóvenes: ¡Paz y bien! En Pentecostés, les escribo esta carta para invitarlos a renovar su fe como Pueblo de Dios que peregrina en Santiago, y ofrecerles algunas reflexiones sobre nuestro caminar juntos.

En estos años hemos experimentado sucesivos momentos de crisis. La crisis eclesial, la crisis social y la pandemia nos han llevado a vivir en una realidad marcada por la contingencia y por nuevos desafíos que nos comprometen a todos, sin excepción.

En este proceso de luces y sombras, con las crisis aún en desarrollo, muchos jóvenes han elevado una palabra profética, un testimonio necesario y una permanente insistencia en mostrar con su vida el Evangelio que los conquistó y los mueve. Todos ellos son un testimonio de que “Cristo Vive, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo” (ChV 1); una y otra vez, hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5) y permite que la vida de la Iglesia y, especialmente, la de los jóvenes, sea permanentemente recreada en el amor y en los grandes ideales que movilizan su existencia.

Transcurrido más de un año de iniciar mi servicio como arzobispo de Santiago, tiempo que me ha permito conocer las riquezas y los desafíos que se le presentan a esta Iglesia particular, tomando en consideración los ricos aportes del X Sínodo de Santiago, de la Exhortación apostólica Christus Vivit, así como los retos culturales que hoy nos apremian y lo que Dios va suscitando en mi corazón, les escribo la carta Cristo Vive, ofreciéndoles algunas pistas para que sigamos ‘caminando juntos’ en una senda de evangelización que nos ayude a mover nuestros corazones, nuestra mente y nuestras manos, para servir al país y a la Iglesia.

Dios los bendiga,