Patricio era lo que una lectura bíblica define como "una oveja perdida": entre las apuestas hípicas y el consumo excesivo de alcohol, protagonizó más de un roce con sus amigos. El grupo estaba bajo el alero de una comunidad religiosa juvenil enfocada a trabajos de acción social y en él encontró contención. Más de una década después, Patricio está planificando su matrimonio por la Iglesia. Los amigos de ese tiempo son fijos en la lista de invitados. La relación entre grado de religiosidad y conductas de riesgo tiene varios capítulos investigativos. Uno de ellos es un estudio realizado por especialistas de las universidades del Desarrollo, de Chile y de Los Andes a 252 adolescentes de Santiago, con un promedio de 17 años. Algunas conclusiones: los adolescentes que se consideraban muy religiosos no consumieron cocaína en absoluto, tomaron alcohol menos frecuentemente, acusaron menor participación en peleas y consumieron menos marihuana que los que se consideraban nada religiosos.
"Las personas más cercanas a la Iglesia, ritos y estructuras religiosas tienen un desarrollo moral más exigente o más rígido y eso los hace estar permanentemente evaluando una sana forma de entretención", explica Macarena Valdés, académica de la U. de Chile y una de las autoras del estudio.
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