Los jóvenes en edad escolar deben acumular diariamente al menos 60 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa para garantizar su desarrollo saludable. Esto puede proporcionarles importantes beneficios físicos, mentales y sociales.
La actividad física también se ha asociado en los jóvenes a beneficios psicológicos gracias a la mejora de su control de la ansiedad y la depresión. Asimismo, puede contribuir a su desarrollo social, dándoles la oportunidad de expresarse y fomentando la autoconfianza y la integración y las interacciones sociales. También se ha sugerido que los jóvenes activos pueden adoptar con más facilidad otros comportamientos saludables, como la evitación del consumo de tabaco, alcohol y drogas, y que tienen mejor rendimiento escolar.
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