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Los jóvenes y el trabajo temporal: aprendiendo a ser responsables
Para un adolescente, un trabajo puede convertirse en una experiencia enriquecedora, pero para ello deben conocer bien sus derechos y deberes. Asimismo, los empleadores tienen la responsabilidad de cuidar que los jóvenes no se vean expuestos a abusos y respetar cada una de las regulaciones sobre trabajo infantil y buen trato.
Las fiestas de fin de año son un periodo en el que la actividad comercial tiene un repunte más que importante. De hecho, este año las ventas se han duplicado respecto del mismo periodo de 2008. Este aumento que se da año tras año, hace que dueños de tiendas requieran redoblar la cantidad de personal que atiende público para dar respuesta a la gran demanda.
Así, este periodo es propicio para que muchos adolescentes experimenten su primer acercamiento con el mundo laboral, desempeñándose, especialmente, en el comercio formal e informal –ya sea como vendedores, cajeros o empaquetadores- y en actividades agrícolas y de servicios, en la temporada estival.
Esta puede convertirse en una experiencia enriquecedora para los jóvenes, siempre y cuando no se vean expuestos a abusos por parte de sus empleadores y que éstos respeten todas regulaciones sobre trabajo infantil y el buen trato.
Los aspectos relacionados con la protección de los menores que trabajan están suscritos a través de la Convención de los Derechos del Niño, que consagra que éstos deben estar protegidos contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso, que pueda entorpecer su educación o sea nocivo para su salud y su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social. Asimismo, llama a fijar una edad mínima para trabajar –en Chile la edad mínima de admisión al empleo son los 15 años-, así como para establecer reglamentaciones sobre los horarios y condiciones de trabajo, esto con el fin de privilegiar la permanencia de los niños/as y adolescentes en el sistema escolar prioritariamente.
TRABAJO TEMPORAL Y BUENAS PRÁCTICAS En Chile no existe una regulación especial para los regímenes de trabajo temporal. Según datos aportados por Christian Melis Valencia, jefe División de Inspección de la Dirección del Trabajo, normalmente la figura utilizada es el contrato a plazo fijo o el contrato por obra o faena determinada. “Estas figuras obedecen a la caracterización de contratos temporales en oposición al contrato indefinido. Otra fórmula puede ser el contrato por hora o, incluso, la jornada a tiempo parcial”, precisa Melis.
Por este vacío en materia de regulaciones es que el Servicio Nacional de Menores, Sename, a fines de 2006, lideró la campaña “Trabajo Temporal de Adolescentes, Una Responsabilidad de Todos”, que fue una estrategia que buscaba llegar a jóvenes, familias, empresarios y comunidad en general, a través de la difusión de una cartilla informativa para contribuir a la prevención del trabajo infantil y las peores formas de trabajo infantil, resguardando los derechos de los adolescentes mayores de 15 años que desempeñan labores de temporada.
“El Sename promueve el respeto y ejercicio de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, incluida la realización de actividades laborales por adolescentes mayores de 15 años, siempre y cuando ésta constituya una experiencia de trabajo protegido, orientada, por ejemplo, a preparar al joven para su futura inserción laboral”, explica Isabel Farías, profesional del Departamento de Protección de Derechos, del Sename.
PARA TOMAR EN CUENTA Desde el Sename aseguran que es responsabilidad de todos -familias y comunidad- velar por la integridad física, psicológica y moral de los jóvenes que tienen oportunidades de trabajar y que desean voluntariamente hacerlo. Para ello se deben considerar algunos conceptos, medidas y condiciones que Isabel Farías explicita.
Por ejemplo: - La ley autoriza la contratación de jóvenes de 15 años y más edad, siempre y cuando se cumplan ciertos requisitos; el trabajo de niños o niñas menores de 15 años está prohibido en el país.
- Ante el interés de un adolescente por acercarse al mundo laboral para aprender un oficio y/o trabajar, -lo que no es negativo en si mismo-, lo recomendable es que los adultos responsables de su cuidado conozcan el tipo de actividad y evalúen las condiciones en que se realizará el aprendizaje y/o el oficio; si se trata de una prestación para terceros se debe vigilar y exigir al empleador que cumpla con todas sus obligaciones, como contrato, horario, tipo de actividad, proceso de adiestramiento, condiciones, implementos de seguridad y procedimientos administrativos, entre otros.
- Por su parte, el empleador debe exigir al postulante la autorización otorgada por los padres o representantes legales.
- Los padres y empleadores deben preocuparse porque se garantice el buen término del año escolar, otorgando las condiciones y facilidades que se requieran: asistir a graduaciones, certificaciones, etc.
- Ya que la relación laboral debe formalizarse con los y las jóvenes a través de un contrato, éstos no debe realizar actividades laborales distintas a las convenidas en éste.
- El empleador, los padres y la comunidad deben resguardar que la jornada laboral no exceda a 30 horas semanales y que el tipo de actividad no se encuentre prohibida. La ley 20.189 y su reglamento establece de forma muy clara las actividades estimadas peligrosas para la salud y el desarrollo de los menores de 18 años y que por tanto, impiden celebrar contratos con éstos.
Para Farías, los empresarios del comercio, la industria y servicios son clave para prevenir situaciones de grave vulneración de derechos a adolescentes, incluidos accidentes u otras situaciones de riesgo. “Es muy importante que empleadores y contexto laboral promuevan el buen trato y la mejor experiencia para el o la joven, considerando que muchos de éstos trabajan por primera vez. También es importante, garantizar que los jóvenes trabajadores tengan un lugar y un horario apropiado para su colación y descanso”, puntualiza la especialista.
Por su parte, desde la División de Inspección de la Dirección del Trabajo, Christian Melis Valencia agrega algunos aspectos en los que los adolescentes deben fijarse al momento de aceptar un trabajo temporal.
“Es muy importante poner atención en que la remuneración sea, al menos, igual al Ingreso Mínimo Mensual, o su equivalente proporcional si se trabaja menos de 45 horas semanales. Asimismo los jóvenes deben exigir que se respeten los límites de la jornada de trabajo, es decir, 10 horas diarias como tope máximo y el séptimo día siempre debe ser de descanso.
Finalmente, el Sename recomienda que todos debemos tener presente que las primeras experiencias son trascendentales a la actitud que posteriormente los jóvenes tendrán frente al trabajo, por tanto, debemos procurar que estos aprendizajes y vinculaciones con el mundo laboral sean motivadores y gratificantes.
“AHORA HAY MÁS INFORMACIÓN” Daniela Cariqueo es estudiante de Prevención de Riegos del CFT Esperanza Joven y tiene 22 años. La primera vez que trabajó fue cuando tenía 15 años desempeñándose como empaquetadora en un supermercado.
Para ella, la idea de trabajar fue motivada por el deseo de ayudar en su hogar y para poder tener algo de independencia económica. Cuenta que sus ingresos en la temporada de navidad eran bastante buenos porque el movimiento es muy alto. “En época navideña y de las fiestas podía llegar a juntar cerca de 35 mil pesos en propinas porque las personas se van muy cargadas y aparte de empaquetar las cosas, quieren que las acompañes, les ayudes a llevar las bolsas y las vayas a dejar a la casa, lo que aumenta las propinas que dejan”.
Daniela recuerda que las jornadas a veces eran bastante extensas y que en algunas oportunidades se veía obligada a hacer tres turnos seguidos, porque faltaban niños. En esa época también trabajó en una tienda de regalos de la Calle Meiggs donde el trabajo también era extenuante, ya que se terminaba bastante tarde y se debía atender a mucho público y correr todo el día.
“En ese tiempo yo no sabía mucho sobre mis derechos. A veces trabajaba muchos turnos seguidos y llegaba tarde o no podía ir al colegio o debía faltar a dar una prueba. En cambio hoy los chicos tienen más información y están más protegidos. En los colegios los informan, los orientan, les enseñan a hacer su currículum, a buscar trabajo y les enseñan cuáles son sus derechos. Además, hoy a través de Internet es más fácil informarte y hay más posibilidades de buscar trabajo y postular a más alternativas”, asegura Daniela.
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