Visita la galería con imágenes de Chanco y sus alrededores, luego del terremoto.
La tragedia que devastó gran parte de la zona centro sur de nuestro país no ha dejado indiferente a nadie, pero han sido los jóvenes quienes han tomado el gran protagonismo durante los últimos días.
Ya sea trabajando en los centros de acopio, como recolectando alimentos y dinero afuera de supermercados, los jóvenes han mostrado su fibra más amable y solidaria durante estos días, ofreciendo al país una señal de esperanza que genera efectos muy positivos.
Muchos de estos jóvenes -respondiendo a su espíritu de servicio- incluso se han trasladado hasta las mismas zonas del desastre para palpar en terreno las necesidades de la gente que ha sido afectada por el terremoto, y posterior tsunami, evidenciando su gran compromiso y coraje, que son tan necesarios en estas lamentables ocasiones.
Este es el caso de un grupo de tres jóvenes pertenecientes a la Zona Cordillera de la Vicaría de la Esperanza Joven, quienes, con más corazón que nada, se embarcaron el miércoles 3 de marzo pasado en una difícil travesía que no estaría exenta de imágenes tristes, pero que, sin embargo, asumieron resueltamente para poder conocer cuánto habían sufrido las comunidades de la zona donde ellos realizan sus misiones cada verano.
La iniciativa partió el mismo sábado 27 de febrero como un campaña de oración que se inició luego de ocurrido el terremoto. “Cuando nos enteramos que el epicentro era cerca de donde vamos a misiones en verano -en Chanco- nos contactamos e iniciamos una cadena de oración. Luego, el lunes, una vez que ya pudimos comunicarnos, esto derivó en una campaña solidaria para reunir alimentos y otras cosas necesarias en estos casos de emergencia”, cuenta Ivan Veas, secretario ejecutivo de la Zona Cordillera.
Al paso de los días, como las comunicaciones eran nulas y las informaciones eran tan confusas, Iván, junto a Gabriel Lazcano, asesor de la Pastoral Juvenil de la parroquia Natividad del Señor, y Gonzalo Sierralta, que es asesor de la Pastoral Juvenil de la parroquia San Pedro de las Condes, tomaron una decisión: ir allá mismo para ver qué pasaba.
“Viajamos el miércoles en un auto que llenamos con alimentos y agua. Llegamos a Talca y vimos los primeros signos de la destrucción que el terremoto dejó allí. Luego nos dirigimos a Cauquenes y Chanco. Fuimos los primeros en llegar a comunidades aledañas a Chanco –como Sauzal, Tejerías, y Quirimavida-, donde nadie sabía que había gente damnificada y donde, obviamente, no había llegado ayuda”, relata Iván Veas.
En su paso por estas localidades, estos tres jóvenes pudieron constatar la magnitud de los daños y la necesidad de la gente de ser acompañada. “Nosotros tenemos un vinculo afectivo y de fe con esta gente, pues fue allí donde llevamos nuestra labor misionera hace menos de un mes. Al vernos toda la gente se mostró muy emocionada y agradecida de que nosotros hubiésemos vuelto para llevarles los saludos de los misioneros de Santiago y entregarles una palabra de fe y de aliento”, explica Veas.
CAPILLAS EN EL SUELO
En la localidad de Chanco el panorama era muy triste. Según los misioneros, la capilla estaba totalmente derrumbada. Cuando llegaron se encontraron con el sacerdote Francisco Ormazábal sentado observando las ruinas de lo que había sido su parroquia. “El padre Francisco nos contó cómo todo se había venido abajo y que en términos de ayuda, aún no había llegado nada”. Por su parte el párroco de Cauquenes, José Ulloa, no lo había pasado mejor. Su iglesia también mostraba muchos daños.
Todas estás imágenes y los testimonios que pudieron recoger motivaron a este grupo a articular una campaña con sus comunidades para ir en ayuda de las localidades de Chanco y sus alrededores, además de Cauquenes.
Es así que este lunes 8 de marzo partieron hacia el sur con tres camiones con la ayuda que las pastorales juveniles estuvieron recolectando desde el lunes pasado. Junto a estos camiones viajaron cerca de 30 jóvenes que van a trabajar en la distribución de los alimentos, en el acompañamiento de los damnificados y en el apoyo en las labores de despeje de escombros.
IVÁN VEAS: “LOS CAMPESINOS TIENEN UNA ENTEREZA INCREÍBLE”
Para Iván los jóvenes, sin duda, han sido protagonistas de esta campaña y de todo el voluntariado. “Llaman y quieren ser ellos quienes muevan todo, están muy dispuestos a estar ahí cuando los necesitan, y eso es muy positivo, porque en el tiempo que viene se van a necesitar muchas manos, ya que queda mucho que hacer”, asegura.
Este misionero relata que lo que vio fue muy golpeador “El estado de las iglesias y capillas rurales me impactó mucho; verlas en el suelo es súper fuerte, pues son lugares sagrados donde hemos compartido muchos momentos significativos. Me impactó también la destrucción de las casas y la gente que perdió todo. La destrucción en Pelluhue, por ejemplo, es impresionante. Pero por otro lado me reconfortó ver que la gente del campo, a pesar de todo lo terrible que tuvieron que vivir, tiene una fuerza sorprendente pues ya estaban levantando sus techos y lo que quedó de sus casas. No estaban esperando a que llegara nadie a instruirles nada”, describe Iván; y agrega: “para ellos y para nosotros fue una gran emoción encontrarnos y abrazarnos, fue un momento muy significativo.
GONZALO SIERRALTA: “LLEGUÉ ALLÁ Y LLORÉ PORQUE NO QUEDABA NADA”
Para Gonzalo, asesor de la Pastoral Juvenil de la parroquia San Pedro, de las Condes, esta fue una experiencia triste pero muy necesaria. Cuenta que en la localidad de Sauzal quedaron sólo 36 casas en pie, las demás hay que demolerlas: “el panorama era muy desolador”, señala.
“En Tejerías la escuela se vino entera abajo. La capilla también tiene muchos daños. Fuimos también a Pelluhue y fue muy fuerte estar ahí. Ese lugar era muy bonito, pero cuando llegue allá lloré porque no quedaba nada. Son kilómetros que el mar se llevó. Salimos muy emocionados y viendo que hay mucha tarea que hacer y es por eso que estamos tan motivados, porque vamos a poder llevar las cosas a este sector que fue tan golpeado”.
GABRIEL LAZCANO : “VOLVÍ A SANTIAGO CON DOLOR PERO CON MUCHA ESPERANZA”
“Salí de Santiago con miedo por no saber con lo que me iba a encontrar realmente, y al llegar me di cuenta que la gente del campo tiene mucha fuerza e iniciativa para salir adelante”, relata Gabriel Lazcano, asesor de la Pastoral Juvenil de la parroquia Natividad del Señor.
Este misionero destaca que los campesinos de chanco y sus alrededores dieron lecciones de entereza, porque no se quedaron sentados con las manos en la cabeza y lamentándose.
“Vi en esas comunidades mucha necesidad de acompañamiento, de ser escuchados, de recibir un abrazo y una palabra de ánimo. Esa es mi preocupación, poder llevarles soporte anímico y algo de esperanza de que sus necesidades se van a resolver los antes posible”, precisa Lazcano.
“Volví a Santiago con dolor pero con mucha esperanza, porque tenemos la oportunidad de hacer un aporte muy importante. En esta instancia es fundamental el trabajo de las pastorales juveniles porque tenemos una responsabilidad social ante nuestros hermanos y ante Dios. Ahora volveremos con una palabra de aliento y con las manos listas para trabajar”, concluye.
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