Queridos/as amigos/as:
Esta semana el saludo del Vicario ha salido un poco tarde y se debe a lo siguiente.
Jóvenes del movimiento estudiantil estaban en huelga de hambre por sus ideales y por la falta de diálogo que se ha producido entorno a este conflicto. Una situación que nos debe hacer pensar más de lo que hemos hecho hasta hoy.
Como Iglesia, la Vicaría de la Educación y de la Familia habían estado presentes, la Vicaría de la Esperanza no se había pronunciado, por eso esta reflexión. Hoy estuvimos presentes en el anuncio del fin de la huelga. Los líderes del movimiento nos pidieron que los acompañáramos en la conferencia de prensa y lo hicimos, para mostrar también el testimonio de un esfuerzo que no apoyamos, la huelga de hambre, pero que nos conmueve: el sentido de sacrificio de jóvenes por un cambio social.
Lo anterior nos tiene que ayudar a comprender cuál es nuestra misión como creyentes. Qué significa en nuestras vidas el sacrificio para transformar el mundo. Ciertamente estas preguntas nos pueden resultar incómodas, pero debemos hacerlas. Nuestro encuentro con el Señor Jesús es transformador, ¿cómo lo llevo a la práctica?.
Acompañamos a jóvenes que, desde sus ideales, los cuales no siempre compartimos, daban un testimonio de transformación social. ¿Cómo yo, creyente, transformo el mundo?, esa es una cuestión que quisiera instalar para nuestra reflexión y para el acompañamiento juvenil. Valoramos, también, su opción por la vida y pedimos a todos los actores que, en un proceso de diálogo verdadero e incluyente, logren dar pasos significativos por el bien de la educación y para que todo este esfuerzo de los jóvenes no sea en vano.
Queridos amigos, nos encontramos ante desafiantes situaciones en la realidad de nuestra Patria, necesarias de mirar y de acompañar. Con todo cariño los invito a que pidamos la luz del Espíritu para que realmente nos comprometamos a cambiar tantas estructuras que no son justas, que no dan vida. Y no tengamos miedo de ir por nuestros ideales inspirados por la Buena Noticia, mostrando lo que Jesús, el Señor de la Vida, nos pide, valorando el diálogo que nuestra Iglesia siempre nos ayuda a tener, pero sin olvidar que es un diálogo que lleva a transformaciones y a crecer en justicia y paz.
Dios les bendiga, con todo aprecio y cariño.