Testimonios

“SI ELLA PUEDE, POR QUÉ YO NO?” Testimonio vocacional Hna. Genny Guevara Martínez, Religiosa Esclava de María Auxiliadora.

Mi nombre es Genny Guevara Martínez, Religiosa Esclava de María Inmaculada. Les contaré mi encuentro con Jesús que me cambió en 360 grados mi vida.
A mí me han gustado siempre las fiestas porque me encanta bailar, compartir, etc. Me encontraba estudiando en la Universidad de Chile, sede en Arica, la carrera de químico laboratorista, en segundo año. Y como decía me gustaban las fiestas que se hacían en casas de alguien. En una de esas fiestas, se me cruzó en la mente un pensamiento “como siempre bailando…”

Y de tanta fiesta perdí el año…y me vine a mi ciudad Vallenar a prepararme para dar la prueba actitud académica y postular a otra carrera… volví a dar catequesis en la parroquia y andaba con algún chico porque yo era muy polola…

En las vacaciones de invierno de ese año, vino de vacaciones una joven que fue catequista y había entrado a un convento, conversando con ella, me contaba lo lindo que era estar allí y que se encontraba tan bien…en mi mente se me cruzó esta frase: “Si ella puede, por qué yo no?”

Y siguiendo la idea me fui a conversar con la hna. Blanca, religiosa franciscana y le dije que me gustaría ser religiosa, recuerdo el día que se lo dije, fue la vísperas de la Trasfiguración del Señor, que regresábamos a la parroquia y ella me dijo que hiciera más oración y me invitó a un encuentro vocacional en Copiapó de un fin de semana.

Yo pensaba que ya me iba al convento y me despedí de toda mi familia y de amigos porque yo me iba hacer monja… llegué al encuentro que era mixto, y nos iban hablando temas referente a la vocación… algunos llevaban dos, o tres años yendo a esos encuentros. Yo decía ¡tengo que esperar tanto?… llegó el último día y cada uno debíamos regresar a nuestras casas… bueno me fui un poco triste porque yo me había despedido de todo mi mundo porque me iba a monja… a mi casa llegó una prima y venía a sacarme la idea de ser monja... pero yo le conté lo lindo que fue el encuentro y ella al verme la cara de felicidad ya no dijo nada. (Esto ella me lo conto más adelante)

Seguí en mi pueblo dando catequesis y mi mamá conversando con una amiga suya, que ya tenía una hija con las monjas de Caldera, las Esclavas de María Inmaculada, viviendo su experiencia vocacional. Le contó que yo quería ser monja y entonces ella le dijo mira que vaya a conocer a estas monjitas que son muy simpáticas y agradables. Así que me fui a Caldera a conocerlas, en ese tiempo andaba la Superiora General de la Congregación de las Esclavas de María Inmaculada, con su ecónoma visitando las casas en nuestra región, porque la otra estaba en Copiapó. Bueno allí las hermanas me mostraron lo que hacían; apoyaban en la pastoral de la parroquia, porque no tenían párrocos. Acompañaban la pastoral, el colegio parroquial Padre Negro y en la promoción de la mujer a través de talleres artesanales. Yo les conté que quería ser religiosa y de emoción me puse a llorar… fueron lágrimas de alegría y gozo. Me animaron y me dijeron si quería irme a España con ellas porque allí estaba la casa de formación yo les contesté que si porque en realidad lo único que quería era ser religiosa… durante esos días me llevaron a un pueblito, ellas lo misionaban y de regreso en el bus a Caldera una señora me preguntó ¿porque no bautizaban de adultos a los niños en nuestra iglesia?, como en los tiempos de Jesús. Y yo no supe que contestar, entonces me di cuenta que necesitaba conocer a Jesús para darlo a conocer.

Regresé a Vallenar a contarles a mis padres que me iría con esas religiosas a España pero como era menor de edad, tenía 20 años y la mayoría era 21… Mi papá me tenía que dar permiso notarial y así fue, pero saben cuándo yo les dije a mis padres que quería ser religiosa nunca se opusieron, yo tenía mi temor porque nunca le había comprado ni un chupete a mi papá, soy la mayor de seis hermanos y ellos me dieron todo lo que mejor pudieron. En mi formación académica estudié en un colegio de monjas en Vallenar, pero mi padre me contestó: -hija mi misión era criarte-…y eso me liberó y decidí irme. Bien cuando me despedí de mi papá él estaba friendo chicharrones en la casa, porque en ese tiempo teníamos carnicería, y al abrazar a mi papá nos fundimos en un abrazo que yo sentí sus entrañas como se movían y se echó a llorar. Nunca había visto llorar a mi papá, se me conmovió todo mi ser y el Señor me dio la fuerza para soltarme y no mirar atrás, porque creo que de lo contario tal vez me quedaba.

Y así hasta el día de hoy llevo junto a Jesús de Nazareth 35 años como hermana en la Congregación y soy feliz, cada día levantándome de mis caídas con la gracia de Dios, porque sé que él me escogió por esa voz interior “Si ella puede por qué yo no!”, que fue la que me empujó a seguir esa voz de Dios.

Mi mensaje para las chicas y chicos de hoy, es que el Señor tiene sus planes para nosotros…solo que debemos silenciarnos y así poder escuchar su voz y sin temor seguirla, que si él nos llama, allanará el camino
Entrevista realizada al hermano Luis Cisternas Aguirre, OFM.

¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?
Yo diría que la vocación tiene que ver especialmente con un llamado totalmente gratuito, porque quizás muchas veces podemos pensar que nosotros nos merecemos aquel llamado, que tenemos ciertas características, cualidades, pero Dios nos llama porque Sí, nos llama por amor, para confiarnos una gran misión.
¿POR QUÉ TENEMOS QUE ORAR POR LAS VOCACIONES? ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE ORAR POR LAS VOCACIONES?
Quizás podríamos decir que orar por las vocaciones se contrapone a confiar en la misericordia de Dios que sigue llamando, pero precisamente por eso tenemos que orar, porque sabemos y confiamos que hay jóvenes que en estos momentos se están sintiendo llamados a consagrar la vida y precisamente tenemos que orar para que esos jóvenes se dispongan a ese llamado, para que puedan escuchar y decidirse a decir sí! Al señor Jesús.

¿CÓMO VIVES TU EN EL DÍA A DÍA TENER LA VOCACIÓN FRANCISCANA, SER FRANCISCANO?
Para mí, yo diría que es clave en mi vocación franciscana, religiosa, la comunión fraterna y personal con Jesús.